miércoles, 12 de noviembre de 2014

El rol de víctima desde PNL IV

Noviembre, 2014; San José, Costa Rica
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La violencia es un problema tan antiguo como el ser humano y afecta a todas las personas en múltiples maneras. Todo acto de violencia debe ser censurado y debe responder ante las autoridades pertinentes y recibir tratamiento oportuno.

Todas las personas pueden sufrir violencia y todos pueden ser ofensores, no hay sexo o género que escape a ninguna de estos roles, aunque las estadísticas muestren una tendencia en uno y otro grado.

Siempre hay salida, siempre hay opción y siempre hay una esperanza de salir adelante. La dinámica de la agresión puede generar muchos sentimientos negativos, pensamientos fatalistas, y perpetua el ciclo, ya que muchas de las víctimas se vuelven agresoras a su vez. Hoy día hay mucha información y recursos para salir adelante, aunque falta mucho por hacer y por arreglar en materia de educación y legislación.

Hay que saber diferenciar entre la violencia que sufre una persona por su falta de recursos de diferente índole y aquellas que teniéndolos, cae en esta problemática. Ambas son violencia y requiere ayuda y sanción, pero la intervención es diferente y el abordaje por ende, también diferente.

Al igual que otras problemáticas, no hay personas, profesiones o rangos de edad que estén ajenos a ser víctimas o victimarios, sólo la atención sin prejuicios ni estigmas puede hacer que avancemos en la intervención de esta problemática.

La violencia es censurable y quienes la ejercen y la sufren, requieren ayuda. Hay leyes e instituciones que brindan este servicio, aunque todavía falta mucho por hacer. Muchas de las personas que son testigos de estas situaciones y callan, lamentablemente se vuelven parte de este círculo vicioso. Todos debemos ser parte de una conciencia social de cambio ante esta problemática y sólo unidos podremos ir erradicando este mal.

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Lic. Eduardo Álvarez 



lunes, 10 de noviembre de 2014

El rol de víctima desde PNL III

Noviembre, 2014; San José, Costa Rica
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Con respecto a lo que hemos estado planteando, seguiremos con algunas recomendaciones para identificar este tipo de círculo de agresión. Decíamos que en un tipo de violencia, la víctima sufre un abuso de poder y no cuenta con los recursos para poder enfrentarlo. El ejemplo de esto es la violencia contra los niños o que sufre cualquier persona con baja escolaridad, discapacidad, escasos recursos que le han provocado un estado de ignorancia o insuficiencia emocional de cualquier tipo. En tanto, las personas que han sido instruidas académica, profesional o anímicamente, cuando sufren de violencia es a través de mecanismos diferentes. Este último caso es el que vamos a detallar para que pueda identificarlo y así pueda recibir ayuda de forma más profesional y dirigida exclusivamente a lo que se requiere, ya que ambos tipos de violencia son fenomenológicamente diferentes y requieren diferente tipo de intervención.

Una persona que tiene información acerca de la violencia, tiene capacitación o formación académica, tiene los recursos económicos para accesar a redes de ayuda, reconoce en otros u otras los signos de violencia, trabaja ayudando o aconsejando a otros u otras para evitar caer en estas situaciones violentas. Una persona que sabe que está en una situación de violencia, sabe qué tendría que hacer pero por alguna razón no actúa, una persona que reconoce que su situación no es apropiada o recomendable, podría decirse que está en una relación de este tipo.

Poco a poco su red social va siendo disminuida, se va alejando de ellos y de su familia, por la razón de que ellos se convierten en espejo de lo que está viviendo. Em pieza a justificar su actuar y racionaliza su situación, alejándose de toda aquella actividad que le muestre la verdad de lo que está viviendo. Estas personas tienen la oportunidad (contrario al otro tipo de violencia), de salir del esa situación y por alguna reazón vuelven de forma voluntaria, una y otra vez.Pueden funcionar muy bien ante los demás y pocos sospecharían de cómo está viviendo realmente a lo privado.

Ambos tipos de violencia son reprobables y quienes la ejercen deben ser castigados, todo hecho violento debe ser denunciado y tratado según la normativa vigente, lo único que deseo hacer notar es que son fenomenológicamente dos tipos diferentes de violencia, por lo que requieren intervenciones diferentes y abordajes distintos.

Si tiene alguna duda o comentario no dude en escribirnos.

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Lic. Eduardo Álvarez

miércoles, 5 de noviembre de 2014

El rol de víctima desde PNL II

Noviembre, 2014; San José, Costa Rica
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Decíamos el artículo pasado que la víctima es fenomenológicamente diferente cuando lo que media es el poder vs la entrega. La víctima clásica es cuando indefensamente y prácticamente sin opción sufre un abuso de poder, un asalto, violación, asesinato, etc. Sin embargo, cuando entrega "voluntariamente" el poder, el control y los recursos para defenderse requiere otra atención.

Por supuesto requiere ayuda y sensibilidad, pero la dinámica y la intervención es muy diferente. Hay que acotar también que las técnicas de manipulación del ofensor son muy estructuradas y  junto con otro arsenal de técnicas, logra develar los puntos débiles de la otra persona y se aprovecha de eso.

Es muy común cuando el ofensor tiene rasgos o es un psicópata. Término que las personas asocian a asesinos en serie de Hollywood (que pueden serlo), pero que generalmente tienen otras características que los hace confundirse entre la población sin ser necesariamente asesinos ni mucho menos.

Por ahora, me centraré en las víctimas que entregan el poder. Hombres y mujeres que saben que están mal en una relación, saben cómo salir, están sufriendo y aún así, padecen de un letargo que los convierte en sujetos pasivos y que parecen cómplices de la dinámica, cosa que no está tan lejos de la verdad.

Distinguimos y queremos hacer énfasis, que una persona sea cómplice de su ofensor no quiere decir que desee para sí esas ofensas o agresiones (argumento machista muy en boga); solamente que desarrolla en conjunto que él un sistema relacional cerrado y autosuficiente que encierra a las dos personas en la relación enfermiza. Por ello, estas personas van perdiendo su círculo social de relación, su familia y a veces sobreviven un par de personas de confianza, que miran atónitas cómo se desmoronan ante la relación nociva.

En la otra entrega hablaremos más en detalle de la dinámica de estas personas y cómo poder reconocer si se está en una relación de esta índole.

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Lic. Eduardo Álvarez

lunes, 3 de noviembre de 2014

El rol de víctima desde PNL I

Noviembre, 2014; San José, Costa Rica
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Imagine estos dos casos a continuación: en lo social y profesional es una mujer profesional universitaria con 10 años de experiencia, licenciada en leyes y madre de 2 hijos. En la intimidad de su vida privada y personal, su esposo la agrede física, psicológica y verbalmente. Ella calla y no pone ninguna denuncia.

El otro caso. Niña de 11 años, sufre de abusos y agresiones de parte de un vecino y su madre no le cree cuando ella le cuenta.

Ante la ley las dos mujeres son víctimas de violencia y son amparadas por la ley. Sin embargo, un análisis fenomenológico las coloca en posiciones diferentes. La niña por un lado es la víctima por antonomasia, sin poder, recursos ni herramientas para hacer frente a semejante situación. La otra mujer en cambio, si tiene muchos recursos y maneras para enfrentar la misma situación. No quiero ofender ni menospreciar ninguna consideración o perspectiva, sólo quiero plantear unos aspectos relacionados con la dinámica de la víctima y su agresor.

La niña es la víctima en el sentido clásico, en cambio, la otra mujer presenta una dinámica diferente en relación con su agresor. Mientras la niña pierde un juego de poder en un mundo donde está sola y sin recursos de ningún tipo, la mujer decide no usarlos y se ve envuelta en una dinámica enfermiza. Desde una perspectiva existencial y fenomenológica, la mujer adulta decide no usar sus recursos y aunque muchas personas objetarían este planteamiento, es necesario hacerlo para entender la dinámica subyacente.
La mujer adulta entrega el poder que tiene y se le ha dado al agresor, la niña en cambio nunca lo tuvo y por ende es víctima. En un sentido la mujer es doble víctima, primero de ella y luego del agresor. No así la niña que es víctima sólo del agresor. Esto no quiero que se vea como una minimización hacia el agresor que tiene que pagar ante la ley y recibir tratamiento inmediato, pero el tratamiento que recibiría la mujer es diferente al de la niña y no sólo por el tema de edad.

La mujer que sufre de esta agresión, requiere una intervención también dirigida a saber cómo y para qué entregó el poder y se convirtió en una mujer agredida. La respuesta no puede ser tan simplista de que en un mundo machista y misógeno fue una más, esta dinámica es diferente al de la niña que mencionamos anteriormente. Cómo una mujer con recursos entrega y rinde su valía y voluntad es algo que analizaremos en las otras entregas.

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Lic. Eduardo Álvarez



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