lunes, 23 de junio de 2014

La excelencia como forma de vida

San José, Costa Rica; junio, 2014
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Para muchos de nosotros es algo deseable la excelencia en nuestros desempeño laboral o académico, pero se ha puesto usted a pensar en la excelencia como forma de vida?

Muchas de las oportunidades que nos podamos crear dependen de nuestras expectativas y éstas a su vez, dependen de cómo queramos vivir. Algunas personas se conforman con apenas sobrevivir, pasan por la vida desperdiciándose y echando por la borda el tiempo y las oportunidades; paradójicamente, ya que algunos lloran por tener más de ellas.

La excelencia como forma de vida es tener un proyecto de vida, metas, sueños y anhelos que van más allá incluso de la vida misma. Es levantarse en la mañana con una actitud positiva, pensando que va a ser un gran día. Se enfrentan a las circunstancias de la vida pensando y eligiendo qué me acerca a mi visión, a lo que me hace crecer, a lo que me hace mejor persona.

Puede ser que esta actitud coincida con una vida social próspera o reconocida en términos académicos, de status o económicos, pero en todo caso es una consecuencia indirecta; ya que la plenitud de vida tiene que ver más con el diario vivir y la realización que se obtenga de ello.

La excelencia como forma de vida tiene que ver con ser honesto y fiel a sí mismo, y por ende, con los demás. Es tener la valentía para dejar situaciones que no fomentan el crecimiento personal y provocar aquellas que sí lo sean. Es ser proactivo, no reaccionario solamente. Se toman la vida para vivirla, disfrutarla, aprovecharla en su beneficio y en el de los demás.

Para desarrollar la excelencia como forma de vida, primero debes tener claro qué es lo que quieres de la vida, cómo quieres vivirla y actuar consecuentemente. Es tomar las decisiones necesarias para llevarla  acabo, y asumir la responsabilidad de esas decisiones. Parece sencillo, aunque puede ser un problema para muchas personas que no quieren pagar el precio de ser auténticas.

El precio es asumir la responsabilidad por lo que eres en vez de culpar a los demás, el precio es decidir y actuar y no quedarse en el quietismo; el precio es querer vivir tu vida como tú quieres y no como otros te la definan. Ese es el precio, algunos están dispuestos, otros no tanto. ¡Lo estás tú?

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