lunes, 18 de marzo de 2013

Asesino silencioso: el estrés

El estrés es un asesino silencioso. No sólo afecta los ciclos metabólicos básicos del cuerpo como el ciclo vigilia-sueño, sino también el hambre y saciedad, las funciones cardíacas, digestivas y las relacionadas con los sistemas inmunológico, endocrino y nervioso. Hace más lenta la recuperación de enfermedades, baja las defensas, trastorna las funciones cognitivas y las relaciones interpersonales.

Se denomina silencioso puesto que sus primeros síntomas pasan desapercibidos y el cuerpo se va ajustando a ellos, hasta camuflarse en la cotidianeidad del día a día.

La persona va perdiendo el control de muchas áreas de su vida y generalmente se da cuenta muy tarde: cuando hay enfermedades cardíacas declaradas, depresiones, úlceras, cáncer, problemas inmunológicos y endocrinos; sin contar divorcios, pérdidas de trabajo y pérdida del sentido de vida, que en situaciones extremas lleva al suicidio.

La problemática del estrés va más allá de los problemas físicos, abarca todas las áreas de la persona y se arraiga en el carácter y estilo de vida de sus víctimas. Su alcance es devastador y agotador no sólo en la persona que lo padece sino en quienes están a su alrededor.

Muchos de los trastornos físicos y mentales están conectados directa o indirectamente con él, y muchos de ellos mejorarían en gran manera si se tratara el estrés de forma paralela con el tratamiento propio de la enfermedad.

De esto seguiremos hablando esta semana.

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