viernes, 2 de noviembre de 2012

La nueva concepción del síntoma III



Presentamos la última parte del artículo acerca de la nueva propuesta del síntoma para continuar con algunos comentarios adicionales la otra semana:




"El síntoma apunta al sentido, a la plenitud de la persona. Por ello, cuando la logoterapia usaba la técnica de derreflexión el paciente mejoraba, porque encontraba el sentido de sí mismo a través del sentido del síntoma. Por ello es la expresión más genuina de la persona, la más creativa, no es una parte que debe actualizarse, debe escucharse, colocarla en un contexto sistémico y ecológico integral de la persona: el síntoma es la persona misma. 

El por qué una persona reacciona con un shock ante un accidente, otra con un llanto histérico y otra con una nueva definición de sí misma se podría entender a la luz de su proyecto de vida pasado, presente y futuro. En los paradigmas anteriores el síntoma estaba ligado al pasado (psicoanálisis) o al presente (humanismo), pero en un marco sistémico y ecológico, el síntoma tiene un valor en el futuro de la persona, el sentido mismo que le da origen y significado. 

El síntoma no sólo tiene una función, sino un significado, un sentido, un para qué. No hay que resistirlo, hay que enmarcarlo dentro de la vida de la persona, puede entenderse como una reprogramación existencial, una forma de decir que se necesita hacer un cambio de vida, aunque el síntoma parezca banal (como unas migrañas, hábitos como comerse las uñas), para la persona que lo padece no lo es y puede aprender mucho de sí misma a través de él. 

Herman Hesse escribió “para crecer hay que destruir un mundo”, el síntoma entonces es el mundo que quiere romperse, llevando en sí la esencia de lo que viene. En vez de ubicarlo en los niveles inferiores del perfil de personalidad, debe ser ubicado en el nivel de identidad y más allá incluso. Sólo así se puede aprender a cabalidad de él e integrarlo dentro de la visión y misión de la persona, logrando trascender esa situación a través del síntoma. 

El cambio es constante por tanto inevitable, el síntoma es un evolución detenida. No es patología, es un crecimiento latente. No puede verse el síntoma a través del cristal de la patología. Quizá conviene recordar un comentario de Gregory Bateson: “Como terapeutas, tenemos un deber muy claro. Primero, conseguir claridad en nosotros mismos y buscar luego cualquier señal de claridad en los demás y apoyarles y reforzarles en todo lo que haya de sano en ellos".

La otra semana presentaremos algunas ideas de otros autores que pueden complementar el tema.

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