viernes, 25 de marzo de 2011

La sexualidad femenina II


El cuerpo femenino tiene una cualidad que lo distingue del masculino en lo que la sexualidad se refiere: todo su cuerpo, cada parte es una zona erógena en potencia.

Se ha sobrevalorado en una cultura machista los senos, el clítoris, el controversial punto G, los muslos, orejas, pezones, oídos quizá; cuando en realidad la mujer tiene la capacidad de encontar placer en cualquier rincón de su cuerpo.

Desarrollaremos este tema empezando por el oído. sí como los hombres se estimulan por la vista (un buen cuerpo, un buen escote o un gran trasero), las mujeres no son propensas a perder la cabeza por lo que ven. Lo pueden ver muy atractivo y deseable, pero no es el mismo efecto que sucede en los hombres. Pero si la estimulación empieza por el oído, lo que se le dice, el asunto cambia.

Muchos hombres y mujeres han escuchado lo que se conoce acá en nuestro país como "labia" o "hablada" de un hombre. Si la mujer está enojada él va a buscar hablar con ella y sin darse cuenta, si accede, puede terminr convencida o confundida por lo que le dijo e inhcluso, no sabe cómo logró reconciliarse. Es común también que muchas mujeres hayan accedido a tener o hacer algo después de que él las "convenciera hablando" sin saber cómo fue que pasó.

La mujer por lo que oye, las palabras, el tono de voz, el timbre y las cosas "bonitas o dulces" que pueda oír se puede estimular como cuando un hombre ve algo atractivo o deseable. Pero no se trata de clichés o palabras tontas, es todo un arte. Es una conversación inteligente, un trato amable, sentido del humor, brindar la sensación de que ella tiene el control de lo que pueda pasar, eso puede sonar fácil, pero no lo es.

Las mujeres no son tontas y por lo general, pueden percibir las falsas u otras intenciones de quien se les acerca. Darle espacio al galanteo, deseo y juego hacen que sean más receptivas a las propuestas de contacto físico. Mucho se ha especulado sobre ello y puede tratarse (en el caso de estimulación masculina también) de aspectos evolutivos. El macho debía ver que la hembra tuviera rasgos físicos para asegurar el desarrollo de su descendencia y ella a su vez, debía asegurarse que iba a proveer lo necesario para su seguridad y la de sus crías. De esto hablaremos la otra semana, cómo existen todavía rasgos evolutivos en el cortejo y el papel de los sentidos como el gusto y el olfato dentro de la sexualidad femenina.

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