lunes, 7 de marzo de 2011

Integridad y personalidad


Leí una historia hace algún tiempo y me permitiré reproducirla con alguna licencia para parafrasearla. Iba un monje en el bosque y al llegar a un río que estaba desbordándose observó un alacrán que estaba a punto de ser arrastrado por la corriente. Lo tomó y éste lo picó, lo volvió a intentar y obtuvo el mismo resultado. Sacó un trapo que andaba, cogió al animal y lo colocó lejos del alcance del agua.
Observando esta escena estaba un campesino, quien se le acercó y le dijo: "Yo lo hubiera dejado morir cuando me picó". El monje le respondió: "Su naturaleza es picar, la mía es ayudar. La naturaleza de él no cambiará la mía, sólo me hace ser más precavido".
Esta historia particularmente me gustó al expresar sencillamente cómo podemos mantener nuestra integridad, forma de ser o personalidad aún cuando nos topemos con personas que piensen y actúen totalmente diferente a nosotros. Nuestros principios y creencias nos pertenecen y podemos cambiarlos cuando lo consideremos necesario, pero no son como una velete al viento.
La sociedad fabrica personas en masa, sin identidad; al venderles máscaras que generalizan la individualidad y muchos se pierden entre todos. Esto pasa con todo lo que compone al ser humano, sus pensamientos, sentimientos, conductas, valores, principios, creencias y demás.
Hace unos días preguntamos ¿qué te define?, hoy queda claro que podemos mantener nuestra integridad y personalidad a pesar de las circunstancias y las personas que nos rodean.

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