martes, 11 de enero de 2011

Las "resistencias" en los procesos de cambio


Este concepto de resistencia tiene una connotación negativa producto de la influencia psicoanalítica que ha permeado a la psicología hasta hoy. La presuposición básica es que una parte de la persona sabotea e interfiere el proceso de cambio, entonces el terapeuta debe ayudar al cliente a vencer esa resistencia para que el proceso de cambio se de. Esto trae como consecuencia que el cliente asuma la responsabilidad total del proceso de cambio.

En PNL se considera que si la persona no está lista para cambiar entonces el terapeuta tiene que prepararla o por lo menos, no atenderla hasta que lo esté si fuera el caso. Además, el neuroprogramador tiene las herramientas para lograr que el proceso de cambio se desarrolle, si no es así entonces no está logrando nada a favor de la persona.

Si la persona llegó hasta el consultorio, se presupone que una prte de ella quiere cambiar. Si algo boicotea el proceso se vislumbran tres alternativas. La primera la persona fue bajo amenaza; como en el caso de evitar un divorcio o la pérdida de un trabajo, pero en el fondo no cree que necesite nada. La segunda, es que hay personas que les gusta "jugar" con los terapeutas y representar diversos papeles (el víctima, el niño obediente, el inválido, el manipulador, el condescendiente y otros) y nunca ha sido su intención cambiar. Fritz Perls, descubridor de la Terapia Gestalt los denominaba los "tumba-terapeutas". En el tercer caso están las personas que tienen un conflicto interno, ya sea de lealtad, de valores o creencias o de ecología que evita el cambio deseado. En este caso sí es posible ayudar de manera efectiva a la persona. En los anteriores, está muy sujeto a la destreza del terapeuta en hacer que la persona se de cuenta de su juego; lo cual es complicado y rara vez coincide con lo que la persona quiere.

La resistencia es un comentario de que lo que se está haciendo no funciona, por lo que hay que cambiar el enfoque o la técnica. La responsabilidad de guiar el proceso hacia el éxito recae más en el neuroprogramador de la misma manera en que el médico diagnostica y traza el tratamiento. Aunque hay que reconocer que el cliente ha de querer colaborar en el proceso, también es responsabilidad del neuroprogramador notar la actitud y disposición de éste hacia el mismo.

El término "resistencia" puede resultar convertirse en la excusa perfecta de la falta de flexibilidad del terapeuta. El cambio no tiene que ser necesariamente doloroso, lento ni difícil. En ocasiones puede resultar indoloro e incluso incosciente, es decir, la persona no sabe que se hizo, pero ya está mejor.

En PNL se trabaja por resultados. La terapia fue exitosa si se llegó al objetivo y así se comprueba. Rara vez un proceso por objetivo dura más de tres sesiones. A no ser que se tracen distintos objetivos en un proceso integral de cambio.

Hasta la otra semana.


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