viernes, 26 de noviembre de 2010

La motivación y las metas


Para continuar hablando de la motivación, ayer mencionamos los tipos básicos de orientación y la manera de proyectar internamente el proceso motivacional. Hoy extenderemos un poco más este tema.

Cuando deseo conservar la motivación por un corto periodo de tiempo, digamos que un día o dos, no existe mayor problema en la mayoría de las veces. Pero qué sucede cuando necesitamos motivarnos por un largo periodo de tiempo de meses o incluso años si la meta es retomar algún estudio, por ejemplo.

El truco está en dividir la tarea en secciones pequeñas y visualizar logros por cada uno de los pasos conseguidos. Incluso cuando las metas son de alto nivel en el perfil de personalidad, como un proyecto de vida (el matrimonio es un ejemplo así como la crianza de un hijo) y son de corte existencial, es posible mantener la motivación de esta manera.

Hay que aclarar que sentirme motivado no tiene que significar estar "emocionado", "energizado" o "excitado" todo el tiempo. La persona motivada es la que tiene la firma convicción de saber lo que quiere, cómo lo va a alcanzar y de qué recursos cuenta y cuáles necesita conseguir, además, tiene la flexibilidad de cambiar de estrategias cuando las circunstancias lo ameriten y sigue en pos del objetivo. Aunque existen metas compartidas, siempre sabe cuál es su norte y asume la responsabilidad por su consecución.

La motivación es la convicción que mantiene mis acciones, alerta mis sentidos y define mi rumbo. Es un proceso mental que me acerca a objetivos placenteros a través de sucesivos pasos. Las metas juegan incluso un papel importente en la salud psíquica y física de las personas. Las personas más sanas, que viven más, que son más felices y que en sus años mozos se sienten satisfechos de su vida tuvieron metas constantemente en su vida. En cambio las personas que no tienen metas tienden más a la depresión, enfermedades físicas, deterioro de la calidad de vida y a la amargura.

Victor Frankl, fundador de la logoterapia, descubrió en los campos de concentración que las personas que sobrevivían tenían sueños, metas y objetivos que iban más allá de la situación que vivían; los sostenían y les ayudaban a vivir diariamente en medio de la calamidad. Resumió esa actitud en su frase "la gente es capaz de soportar cualquier cómo si tiene un por qué". Hasta la próxima.

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