lunes, 11 de octubre de 2010

Viviendo sin respuesta?


Muchos de nosotros en algún momento de nuestra vida hemos demandado respuestas, ante un hecho inesperado, doloroso o angustiante. Queremos respuestas ante circunstancias que nos acontecen, muchas de ellas en medio del desastre y otras tantas acerca de temas como la muerte, la vida, el más allá, entre muchos otros temas.

No son infrecuentes los padecimientos o las depresiones a causa de no encontrar la respuesta acertada a las preguntas que tenemos. Y es frecuente esperar ansiosamente esa respuesta para lograr alcanzar la paz o la felicidad que anhelamos, a través de una razón o explicación. Creemos entonces en la importancia de la respuesta, la preponderancia del saber o no saber.

Pero la PNL ofrece otra alternativa, tal vez obvia, pero no lo suficientemente considerada: el valor de la pregunta. Por encima de la respuesta. John Grinder tenía la habilidad, según cuentan quienes trabajaron con él, de que en sus intervenciones solía hacer una sola pregunta, con la cual, para intentar siquiera contestarla, la persona tenía que considerar una serie tan grande de alternativas y presuposiciones que ya no podía ver la situación de la misma manera. Una forma muy elegante de intervenir sin duda alguna.

En la película Matrix, cuando Neo conoce a Trinity, ella le dice algo como “la pregunta es lo que te impulsa Neo” (excelente película por cierto) las preguntas van más allá de la respuesta, porque la contienen; no es al revés, preguntar correctamente es todo un arte, una ciencia; en cambio, responder se limita a saber o no saber. Preguntar es propio de los que van más allá, con una pregunta Einstein develó la posibilidad de una idea que se convirtió en la Teoría de la Relatividad, para nombrar tan sólo un ejemplo.

Cuando hacemos la pregunta correcta, definimos un patrón de pensamiento, orientamos todos nuestros recursos en la dirección que plantea la pregunta. Imaginen si planteáramos las interrogantes precisas. Cuando ello sucede, la respuesta, si bien apreciada, se queda corta ante el horizonte que se vislumbra desde la pregunta.

¿Demasiado filosófico? Creo que no. Si lo meditan, tal vez logren un cambio en su pensamiento y la próxima vez que ante un dilema demanden una respuesta, deténganse, piensen en las preguntas que están haciendo, ellas marcarán el curso de sus acciones y sentimientos. No lo olviden. Hagan la prueba.

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